Inesperado. No siempre es así.
Estuve a punto de decir que hace tiempo no se moría algún familiar, pero la verdad es que si... claro que era anciano y estaba muy enfermo. Entonces todos lucían serenos.
Mi amiga me cuenta en la noche. Me costó asumir que sabía perfectamente de quién me estaba hablando y pese a que no era una persona cercana, en la casa le teníamos estima, por reconocerlo como una persona honesta, responsable y muy dedicado en su trabajo.
Nos construyó casi tres cuartas partes de la casa.
Eso significa muchos meses en que lo veíamos llegar temprano en la mañana, desaparecer a la hora de almuerzo y los sábados y volver en la tarde a su trabajo.
Lo que más recuerdo de él mientras trabajaba en la casa es su sonrisa amable y lo rápido que hablaba. Su ojo que parece que lo tenía un poco malo y que nunca nos pidió nada.
En la casa nos impactó la noticia... y me imaginé que si a nosotros nos había impactado, lo terrible que quizás fue para su familia.
-¿Y quién nos va a terminar la casa?
En ese momento creo que todos lo pensamos, solo que un comentario asi a simple vista parece de una superficialidad inaguantable. En el fondo sé que cuando mi papá lo dijo no fue tan así. Lo dijo porque nunca nos pusimos en el supuesto de que algo le pasara a
nuestro maestro.
Vive cada día como si fuera el último.
Siempre he admirado esa frase y constantemente la recuerdo. Me gustaría que se pudiera aplicar en todo sentido, pero honestamente no creo que sea posible.
El que guarda siempre tiene (?).
Vivir el presente es difícil. Vivimos llenos de proyectos, metas y sueños... ¿Y qué seríamos sin ellos?
Necesitamos un objetivo que cumplir.
Hoy estudio para mañana trabajar.
Trabajo, para mañana descansar.
¿Y luego? Disfruto mi esfuerzo.
¿Disfruto mi esfuerzo?
Necesitamos definitivamente de algo que nos haga sentir por lo menos parcialmente imprescindibles.
¿Para qué me levanto hoy? ¿Qué hace que valga la pena mi esfuerzo?
Pasa entonces que las personas mueren con planes sin cumplir. Mueren un mes antes de jubilar. Mueren luego de haberse casado hace poco. Mueren al dar a luz un hijo. Mueren el día de su cumpleaños. Mueren siendo aún niños.
Luce como si a veces gastaramos toda nuestra vida persiguiendo un capricho, sin saber qué pasará mañana... sin poder adivinar si realmente vale la pena dejar de lado otras cosas por ese algo que finalmente nunca lograremos.
Si lo que buscamos es coherencia, aqui no está.
¿Por qué ahora?
¿Por qué no hace siete años o en 30 años más?
A mi parecer, la diferencia no se hace sola.
Hay muchas cosas que pudieron haber sido de otra forma.
La verdad es que yo creo en el destino.
Creo en el destino porque mis papás están aún a mi lado, siendo que las enfermedades que tuvieron han causado la muerte a miles.
Creo en el destino también porque la muerte de un bebé es inentendible de otro modo; porque por mucho que se sepa el origen de una catástrofe, no se puede adivinar qué gatilló el hecho de que las cosas se dieran de esa forma.
Es por eso que a la muerte no le temo.
Confío en que quienes estamos aquí es por algo. En que las cosas que no dependen de nadie ocurren de esa forma porque así tiene que ser.
Reconozco que mi postura frente a la vida puede parecer bastante pasiva.
Pocas veces pido algo con fervor; pocas veces ruego para que las cosas salgan al modo que a mi se me ocurrió, por mucho que lo pueda desear.
La omnisciencia se la dejo a quien le pertenece.
¿Quién dice que lo que yo crea que necesito es lo que realmente necesito?
"Desde que nacemos empezamos a morir".
No entiendo, aunque al parecer fueron dichas como palabras de consuelo. Si me preguntan a mi, le diría que creo que las cosas se dieron así porque quizás carecían de sentido si hubiesen sido de otro modo.
***
Puede que llegue un punto en mi vida en que haciendo el esfuerzo de mirarme de forma objetiva, cuestione el hecho de que cómo es posible que alguien sea tan ilusa como para dejar que el tiempo escurra de esta forma.
Dejo que las micros se pasen, que el metro parta un instante antes de que alcance a tomarlo, incluso a veces no me intereso en agotar todas las alternativas... todo por querer confiar en que si las cosas tuviesen que ser de otro modo, simplemente serían de otro modo. Hago las cosas con dedicación pero no con fanatismo. Hago mi mayor esfuerzo y trato de salir a la hora quizás con la esperanza de alcanzar justo un colectivo, pero si llega a ocurrir de que justo venía lleno, no me culpo por haber salido a la hora que salí ni tampoco me ensaño con la vida porque otra persona llegó antes que yo.
Podré después quizás cuestionarme, reírme y quien sabe, quizás también arrepentirme. Pero yo creo que el punto es no olvidar el hecho de que en el momento en que hice las cosas, las hice con la conciencia muy tranquila... digamos que con la tranquilidad de quien actúa sabiendo que cuenta con una garantía.
La garantía de que no hay espacio para la frustración en un mundo que se encarga de sorprenderte cada día, con sorpresas agradables y no tanto, sorpresas entendibles y otras que son todo lo contrario. Sorpresas trascendentes, aunque no se note a simple vista. Sorpresas que vienen con letra chica y que juegan a aparentar ser algo distinto. Sorpresas que arrancan más de una sonrisa. Sorpresas cuya única explicación aparente es que consisten en una amarga broma de mal gusto.
Sorpresas aunque no sorprendan. Eventos inesperados... o a veces infinitamente esperados.
Y por mucho que sea algo que hemos esperado, nada nos podría asegurar de que pasaría. Sorpresivo seria el hecho entonces de que finalmente si ocurriera.